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Coaching

¿De dónde viene la motivación?


Ha caído en mis manos un texto que me ha conmovido. Me lo pasó una amiga que me visitó en Barcelona hace poco y  que fue capaz de hacer un viaje de ida y vuelta de  1600 Km. en día y medio, (mediante dos aviones, tres trenes y un coche) para perseguir una de sus pasiones.

Para mí es un texto especialmente motivador, no solo por lo que dice, sino por las circunstancias en las que me lo han pasado.

Es motivador, ya que nos recuerda que debemos de perseguir nuestras pasiones día a día y no “anestesiarnos” con sucedaneos que, sin llegar a estar mal, nos sirven para “salir del paso”.

Circula, según dicen, hace tiempo por Internet atribuido erróneamente a Pablo Neruda. La fundación del autor así lo ha confirmado hace tiempo.Realmente el texto es de la escritora brasileña Martha Medeiros.

Me resulta interesante que  se haya otorgado a Neruda la autoría del mismo. Me deja una sensación agridulce. Dulce, ya que ha servido para que el texto se propague más rápidamente y agria, porque parece que necesitemos que el producto sea de una “marca conocida” para que sea más efectivo.

Las preguntas que me surgen, consecuentemente son ¿De donde viene la motivación verdadera?

¿Es necesario que exista por detrás una “marca conocida” para que el mensaje nos llegue? O realmente ¿Es el texto el que me hace saltar de la silla?

Mi respuesta a las mismas (que puedes o no, compartir) es que  la verdadera motivación nace de nosotros mismos, de dentro hacia afuera.

Lo bueno, y puede que en lo complicado,  será encontrar lo que verdaderamente nos motiva.  Puede resultar utópico, pero si lo encontramos, si de verdad estamos convencidos de que “¡es eso!” lo que nos motiva.. entonces el texto (escriba quien lo escriba) hará que saltemos de la silla.

No importará lo que cueste, ni lo que tarde en llegar. La motivación interior hará que todos los obstáculos vayan superándose.

Una pregunta. ¿Sabes lo que te motiva realmente?


LA MUERTE LENTA de Martha Medeiros

Muere lentamente quien no cambia de ideas, ni cambia de discurso, evita las propias contradicciones.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos y las mismas compras en el supermercado. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo, no da algo a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú y su pareja diaria.
Muchos no pueden comprar un libro o una admisión de cine, pero muchos pueden, y aún así se alienan delante de un tubo de imágenes que trae la información y el entretenimiento, pero que no debería, pues con sólo 14 pulgadas, ocupa tanto espacio en una vida

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones indomables, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas e hipos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio. Puede ser la depresión, esa enfermedad es grave y requiere ayuda profesional. Luego sucumbe cada día quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien no trabaja y quien no estudia, y la mayoría de las veces es una opción y, sí, destino: entonces un gobierno en silencio puede matar lentamente una buena parte de la población.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante, desistiendo de un proyecto antes de empezarlo, el que no pregunta acerca de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.

Muchas personas mueren lentamente, y esta muerte es una muy ingrata y traicionera, porque cuando se acerca de verdad, ya estamos muy destrozados para caminar en el corto tiempo que resta.

Qué mañana, por tanto, demore mucho para que sea nuestro día. Dado que no podemos evitar un final repentino, por lo menos evitar la muerte en suaves prestaciones, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que simplemente respirar

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